Liturgia das Horas
Ofício das Leituras
Meditação prolongada da Palavra e dos escritos dos Padres da Igreja. Sugerida: Qualquer hora do dia. Os textos fixos (ordinário) seguem a tradição da Igreja; a oração do dia e o salmo vêm do conteúdo autorizado da liturgia diária.
Textos próprios do dia em castelhano
O hino, os salmos, a leitura, o responsório, as preces e a oração final desta hora vêm da biblioteca breviarium, cujo banco de textos está em castelhano — as seções marcadas com “castelhano” abaixo. O ordinário (invocação, Pai-Nosso, cântimos, antífonas marianas e bênçãos) está em português, por ser de domínio público.
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Qualquer hora do dia
Ofício das Leituras
5º Domingo da Quaresma · Quaresma
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Ofício das Leituras — 5º Domingo da Quaresma
Tempo litúrgico: Quaresma · Cor: roxo · Semana 4 do Saltério · Ciclo A
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Invocação inicial
V. Vinde, ó Deus, em meu auxílio. R. Senhor, vinde logo em meu socorro. Glória ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, como era no princípio, agora e sempre. Amém. Aleluia.
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Hino
castelhanoLlorando los pecados tu pueblo está, Señor. Vuélvenos tu mirada y danos el perdón. Seguiremos tus pasos, camino de la cruz, subiendo hasta la cumbre de la Pascua de luz. La Cuaresma es combate; las armas: oración, limosnas y vigilias por el Reino de Dios. «Convertid vuestra vida, volved a vuestro Dios, y volveré a vosotros», esto dice el Señor. Tus palabras de vida nos llevan hacia ti, los días cuaresmales nos las hacen sentir. Amén. $O bien:$ Oh sol de salvación, oh Jesucristo: Alumbra lo más hondo de las almas, en tanto que la noche retrocede y el día sobre el mundo se levanta. Junto con este favorable tiempo danos ríos de lágrimas copiosas para lavar el corazón que ardiendo en jubilosa caridad se inmola. La fuente que hasta ayer manó delitos ha de manar desde hoy perenne llanto si con la vara de la penitencia el pecho empedernido es doblegado. Ya que ha llegado el día, el día tuyo, y vuelve a florecer el universo, compartamos su gozo los que fuimos devueltos por tu mano a tus senderos. Oh Trinidad clemente: que te adoren tierra y cielo a tus pies arrodillados, y que nosotros, por tu gracia nuevos, cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén. $O bien:$ Oh bondadoso Creador: escucha la voz de nuestras súplicas y el llanto que, mientras dura el sacrosanto ayuno de estos cuarenta días, derramamos. A Ti, que escrutas nuestros corazones y que conoces todas sus flaquezas, nos dirigimos para suplicarte la gracia celestial de tu indulgencia. Mucho ha sido, en verdad, lo que pecamos, pero estamos, al fin, arrepentidos, y te pedimos, por tu excelso nombre, que nos cures los males que sufrimos. Haz que por la virtud de la abstinencia podamos dominar a nuestros cuerpos, y que, participando del ayuno, no pequen más los corazones nuestros. Oh Trinidad Santísima, concédenos, oh simplicísima Unidad, otórganos que los efectos de la penitencia de estos días nos sean provechosos. Amén.
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Salmodia — Salmo 1: Los dos caminos del hombre
castelhanoSalmo 1: Los dos caminos del hombre
_El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor._
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. En el juicio los impíos no se levantarán, ni los pecadores en la asamblea de los justos; porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 2: El Mesías, rey vencedor
castelhanoSalmo 2: El Mesías, rey vencedor
_Yo mismo he establecido a mi rey en Sion._
¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías: «Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo.» El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos. Luego les habla con ira, los espanta con su cólera: «Yo mismo he establecido a mi rey en Sion, mi monte santo.» Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho: «Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza.» Y ahora, reyes, sed sensatos; escarmentad, los que regís la tierra: servid al Señor con temor, rendidle homenaje temblando; no sea que se irrite, y vayáis a la ruina, porque se inflama de pronto su ira. ¡Dichosos los que se refugian en Él! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Salmodia — Salmo 3: Confianza en medio de la angustia
castelhanoSalmo 3: Confianza en medio de la angustia
_Tú, Señor, eres mi escudo, tú mantienes alta mi cabeza._
Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «Ya no lo protege Dios» Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. Si grito invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo. Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor. Levántate, Señor; sálvame, Dios mío: tú golpeaste a mis enemigos en la mejilla, rompiste los dientes de los malvados. De ti, Señor, viene la salvación y la bendición sobre tu pueblo. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
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Primeira leitura
castelhanoComienza la carta a los Hebreos $Heb 1, 1 — 2, 4 $
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios». Por una parte, habla así de los ángeles: «Envía a sus ángeles como a los vientos, a sus ministros como al rayo». En cambio, del Hijo: «Tu trono, oh Dios, permanece para siempre», y también: «Cetro de rectitud es tu cetro real. Has amado la justicia y odiado la iniquidad; por eso Dios, tu Dios, te ha distinguido de tus compañeros, ungiéndote con perfume de fiesta». Otra vez se expresa así: «Tú, Señor, en los comienzos cimentaste la tierra; obra de tus manos son los cielos; ellos perecerán, tú permaneces; se gastarán como la ropa, los liarás como una capa, serán como vestido que se muda. Pero tú eres siempre el mismo, tus años no se acabarán». Y ¿a cuál de los ángeles dijo jamás: «Siéntate a mi derecha mientras pongo a tus enemigos por estrado de tus pies»? ¿Qué son todos sino espíritus en servicio activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación? Por esa razón, para no ir a la deriva, tenemos que prestar más atención a lo aprendido. Pues, si la ley dictada por ángeles tuvo validez, y otra transgresión y desobediencia fue justamente castigada, ¿cómo escaparemos nosotros si desdeñamos una salvación tan excepcional? Una que fue anunciada al principio por el Señor y que nos han confirmado los que la oyeron, mientras Dios añadía su testimonio con portentosas señales, con variados milagros y distribuyendo dones del Espíritu Santo según su voluntad.
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Leitura patrística
castelhanoSan Atanasio de Alejandría $Carta 14, 1-2 $
El Verbo, que por nosotros quiso serlo todo, nuestro Señor Jesucristo, está cerca de nosotros, ya que él prometió que estaría continuamente a nuestro lado. Dijo en efecto: <i>Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo</i> (Mt 28,20). Y, del mismo modo que es pastor, sumo sacerdote, camino y puerta, ya que en nosotros quiso serlo todo, así también se nos ha revelado como fiesta y solemnidad, según aquellas palabras del Apóstol: <i>Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo</i> (1 Co 5,7); puesto que su persona era la Pascua esperada. Desde esta perspectiva, cobran un nuevo sentido aquellas palabras del salmista: <i>Tú eres mi júbilo: me libras de los males que me rodean</i> (Sal 32[31],7). En esto consiste el verdadero júbilo pascual, la genuina celebración de la gran solemnidad, en vernos libres de nuestros males; para llegar a ello, tenemos que esforzarnos en reformar nuestra conducta y en meditar asiduamente, en la quietud del temor de Dios. Así también los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando fiesta; uno de ellos, el bienaventurado salmista, se levantaba de noche, no una sola vez, sino siete, para hacerse propicio a Dios con sus plegarias. Otro, el insigne Moisés, expresaba en himnos y cantos de alabanza su alegría por la victoria obtenida sobre el Faraón y los demás que habían oprimido a los hebreos con duros trabajos. Otros, finalmente, vivían entregados con alegría al culto divino, como el gran Samuel y el bienaventurado Elías; ellos, gracias a sus piadosas costumbres, alcanzaron la libertad, y ahora celebran en el cielo la fiesta eterna, se alegran de su antigua peregrinación, realizada en medio de tinieblas, y contemplan ya la verdad que antes sólo habían vislumbrado. Nosotros, que nos preparamos para la gran solemnidad, ¿qué camino hemos de seguir? Y, al acercarnos a aquella fiesta, ¿a quién hemos de tomar por guía? No a otro, amados hermanos, y en esto estaremos de acuerdo vosotros y yo, no a otro, fuera de nuestro Señor Jesucristo, el cual dice: <i>Yo soy el camino</i> (Jn 14,6). Él es, como dice san Juan, <i>el que quita el pecado del mundo</i> (Jn 1,29); él es quien purifica nuestras almas, como dice en cierto lugar el profeta Jeremías: <i>Paraos en los caminos a mirar, preguntad: «¿Cuál es el buen camino?», seguidlo, y hallaréis reposo para vuestras almas</i> (Jr 6,16). En otro tiempo, la sangre de los machos cabríos y la ceniza de la ternera esparcida sobre los impuros podía sólo santificar con miras a una pureza legal externa; mas ahora, por la gracia del Verbo de Dios, obtenemos una limpieza total; y así en seguida formaremos parte de su escolta y podremos ya desde ahora, como situados en el vestíbulo de la Jerusalén celestial, preludiar aquella fiesta eterna; como los santos apóstoles, que siguieron al Salvador como a su guía, y por esto eran, y continúan siendo hoy, los maestros de este favor divino; ellos decían, en efecto: <i>Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido</i> (Mt 19,27). También nosotros nos esforzamos por seguir al Señor y, así, vamos preparando la fiesta del Señor no sólo con palabras, sino también con obras.
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Responsórios
castelhano$℣. $Quien guarda mi palabra. $℟. $No sabrá lo que es morir para siempre. $℟. $Cristo Jesús es reflejo de la gloria del Padre, impronta de su ser; él sostiene el universo con su palabra poderosa y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas. $℣. $El que inició nuestra fe, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz. $℟. $Está sentado a la derecha de su majestad en las alturas. $℟. $Jesús, el cordero sin mancha, penetró por nosotros más allá de la cortina, como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec. $℣. $Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. $℟. $Hecho sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
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Súplicas
V. Bendigamos a Deus, que nos falou pelas Escrituras. R. Bendito seja Deus para sempre. Peçamos ao Senhor que abra a nossa inteligência para compreender a sua Palavra. Rezemos pela Igreja, para que seja fiel depositária do Evangelho.
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Evangelho do dia (para meditação)
Jo 11,1-45 ou 3-7.17.20-27.33-45
[Naquele tempo,] 1havia um doente, Lázaro, que era de Betânia, o povoado de Maria e de Marta, sua irmã. 2Maria era aquela que ungira o Senhor com perfume e enxugara os pés dele com seus cabelos. O irmão dela, Lázaro, é que estava doente. [3As irmãs mandaram] então [dizer a Jesus: “Senhor, aquele que amas está doente”. 4Ouvindo isso, Jesus disse: “Esta doença não leva à morte; ela serve para a glória de Deus, para que o Filho de Deus seja glorificado por ela”. 5Jesus era muito amigo de Marta, de sua irmã Maria e de Lázaro. 6Quando ouviu que este estava doente, Jesus ficou ainda dois dias no lugar onde se encontrava. 7Então, disse aos discípulos: “Vamos de novo à Judeia”.] 8Os discípulos disseram-lhe: “Mestre, ainda há pouco os judeus queriam apedrejar-te, e agora vais outra vez para lá?” 9Jesus respondeu: “O dia não tem doze horas? Se alguém caminha de dia, não tropeça, porque vê a luz deste mundo. 10Mas, se alguém caminha de noite, tropeça, porque lhe falta a luz”. 11Depois acrescentou: “O nosso amigo Lázaro dorme. Mas eu vou acordá-lo”. 12Os discípulos disseram: “Senhor, se ele dorme, vai ficar bom”. 13Jesus falava da morte de Lázaro, mas os discípulos pensaram que falasse do sono mesmo. 14Então Jesus disse abertamente: “Lázaro está morto. 15Mas, por causa de vós, alegro-me por não ter estado lá, para que creiais. Mas vamos para junto dele”. 16Então Tomé, cujo nome significa Gêmeo, disse aos companheiros: “Vamos nós também para morrermos com ele”. [17Quando Jesus chegou, encontrou Lázaro sepultado havia quatro dias.] 18Betânia ficava a uns três quilômetros de Jerusalém. 19Muitos judeus tinham vindo à casa de Marta e Maria para as consolar por causa do irmão. [20Quando Marta soube que Jesus tinha chegado, foi ao encontro dele. Maria ficou sentada em casa. 21Então Marta disse a Jesus: “Senhor, se tivesses estado aqui, meu irmão não teria morrido. 22Mas, mesmo assim, eu sei que o que pedires a Deus, ele to concederá”. 23Respondeu-lhe Jesus: “Teu irmão ressuscitará”. 24Disse Marta: “Eu sei que ele ressuscitará na ressurreição, no último dia”. 25Então Jesus disse: “Eu sou a ressurreição e a vida. Quem crê em mim, mesmo que morra, viverá. 26E todo aquele que vive e crê em mim não morrerá jamais. Crês isto?” 27Respondeu ela: “Sim, Senhor, eu creio firmemente que tu és o Messias, o Filho de Deus, que devia vir ao mundo”.] 28Depois de ter dito isso, ela foi chamar a sua irmã, Maria, dizendo baixinho: “O Mestre está aí e te chama”. 29Quando Maria ouviu isso, levantou-se depressa e foi ao encontro de Jesus. 30Jesus estava ainda fora do povoado, no mesmo lugar onde Marta se tinha encontrado com ele. 31Os judeus que estavam em casa consolando-a, quando a viram levantar-se depressa e sair, foram atrás dela, pensando que fosse ao túmulo para ali chorar. 32Indo para o lugar onde estava Jesus, quando o viu, caiu de joelhos diante dele e disse-lhe: “Senhor, se tivesses estado aqui, o meu irmão não teria morrido”. 33Quando [Jesus] a viu chorar, e também os que estavam com ela, estremeceu interiormente, [ficou profundamente comovido 34e perguntou: “Onde o colocastes?” Responderam: “Vem ver, Senhor”. 35E Jesus chorou. 36Então os judeus disseram: “Vede como ele o amava!” 37Alguns deles, porém, diziam: “Este, que abriu os olhos ao cego, não podia também ter feito com que Lázaro não morresse?” 38De novo, Jesus ficou interiormente comovido. Chegou ao túmulo. Era uma caverna, fechada com uma pedra. 39Disse Jesus: “Tirai a pedra!” Marta, a irmã do morto, interveio: “Senhor, já cheira mal. Está morto há quatro dias”. 40Jesus lhe respondeu: “Não te disse que, se creres, verás a glória de Deus?” 41Tiraram então a pedra. Jesus levantou os olhos para o alto e disse: “Pai, eu te dou graças porque me ouviste. 42Eu sei que sempre me escutas. Mas digo isto por causa do povo que me rodeia, para que creia que tu me enviaste”. 43Tendo dito isso, exclamou com voz forte: “Lázaro, vem para fora!” 44O morto saiu, atado de mãos e pés com os lençóis mortuários e o rosto coberto com um pano. Então Jesus lhes disse: “Desatai-o e deixai-o caminhar!” 45Então, muitos dos judeus que tinham ido à casa de Maria e viram o que Jesus fizera, creram nele.]
- 12
Oração
castelhanoOração final própria do ofício
Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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Bênção
Bendigamos ao Senhor. R. Graças a Deus.
Como rezar as Horas
- Comece com o sinal da cruz e a invocação “Vinde, ó Deus, em meu auxílio”.
- Reze o hino do tempo litúrgico, em voz alta ou em silêncio meditativo.
- Percorra a salmodia com calma: cada salmo é uma resposta da Igreja à Palavra.
- Depois da leitura breve, guarde alguns instantes de silêncio.
- Recite o cântico evangélico (Benedictus, Magnificat ou Nunc dimittis) de pé, se possível.
- Conclua com as preces, o Pai Nosso, a oração do dia e a bênção.